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lunes, 18 de enero de 2010

EL POBLAMIENTO DEL CONTINENTE AMERICANO


Cuando nos preguntamos de dónde viene el hombre americano, las ciencias sociales responden a este interrogante con diversos planteamientos hipotéticos que se fundamentan en investigaciones realizadas a partir de métodos diversos de interpretación de la realidad.
Últimamente, los científicos han acudido a la genética para tratar de dar las respuestas más aproximadas a la verdad. Por ejemplo, Andrew Merriwether, estudioso de la genética de las poblaciones, contradiciendo a su maestro, el profesor Douglas Wallace de la Universidad Emory de Atlanta, planteó que los primeros americanos no proceden de tres oleadas de pueblos genéticamente diferentes, sino de una sola migración. Tal argumento fue esbozado en diversos artículos publicados en 1996, nutriendo la controversia sobre tan interesante asunto de la historia humana: el de los orígenes de los primeros pobladores del continente americano.
En este debate han terciado diversos estudiosos del tema, entre los que además de antropólogos, arqueólogos, paleontólogos…, ahora –como se ve– se incluye a genetistas y lingüistas, entre muchos otros especialistas, que acuden, generalmente, a la práctica de trabajos interdisciplinarios, que se valen de los avances científicos que cada rama del saber ha logrado acumular en su búsqueda de respuestas ciertas para éste y otros problemas planteados por el hombre en su afán de conocimiento.
A mediados de los 80, el antropólogo y lingüista neoyorkino, Joseph H. Greenberg (1915-2001), especialista en estructura de las lenguas, quien desarrolló un intenso trabajo en el campo de la filogenética lingüística, tratando de descifrar y ordenar lo concerniente a las familias de lenguas, desencadenó una verdadera batalla intelectual en torno al asunto. Aportando una síntesis de datos lingüísticos, genéticos y dentales, propuso un planteamiento según el cual los primeros pobladores de América provenían de Asia, y lo habrían hecho mediante tres oleadas al menos, generando cada una de ellas un grupo de lenguas diferente.
Esta idea coincidía con los análisis dentales y genéticos de diversos laboratorios entre los que se incluía el del doctor Wallace. Pero, son precisamente los fundamentos de las investigaciones de éste las que Merriwether y otros científicos europeos apuntan a desvirtuar.
Volviendo a Greenberg, un propósito fundamental que se había trazado como investigador era el de descifrar el origen probablemente común de las lenguas. Para su desenvolvimiento, las clasificó en familias y comprobó las semejanzas en su vocabulario para un conjunto de palabras utilizadas para designar los mismos objetos. Él hizo sus estudios sobre lenguas de África, definiendo que las 1500 lenguas que han identificado en dicho continente se pueden ordenar en cuatro grupos básicos (afroasiáticas, nilosaharianas, khoisán y nígero-kordofanas). Además de este estudio, Greenberg hizo la clasificación de 650 lenguas nativas de Estados Unidos y Canadá en tres grupos: las na-dene (un grupo de lenguas habladas en Alaska y el noreste de Canadá), las esquimal-aleutianas y las amerindias. Este trabajo lo compendió en una obra publicada en 1987, que tituló Language in the Americas.
A partir del análisis de secuencias de ADN, algunos genetistas han afirmado que los modernos humanos se expandieron desde África en series de movimientos migratorios que están en consonancia con las divisiones de lenguas que Greenberg infirió con pruebas puramente lingüísticas, pues se han descubierto genes específicos que reflejan la unidad de los grupos. Y aunque tal argumento es favorable a Greenberg, la creencia de éste es que hasta que los genetistas no lleguen a un consenso es preferible ignorarlos.
Wallace, por su parte, continúa con su hipótesis de las tres migraciones aun cuando varios otros estudios genéticos lo que han hecho, según el convencimiento de sus autores, es “confirmar”, aspectos que indican que los antepasados de todos los amerindios habrían llegado a América en una sola migración.
Un método utilizado por los investigadores europeos Peter Forster y Hans-Jurgen Bandelt de la Universidad de Hamburgo, Rosalind Harding del Instituto de Medicina Molecular de Oxford y Antonio Torroni de Roma les ha permitido detectar nueve secuencias cepa de DNAmt en las poblaciones indígenas de América, algunas de las cuales sólo están representadas en el grupo de las lenguas na-dene, en los inuit y en las poblaciones de las regiones costeras de Siberia, y que estos grupos procederían de una población ancestral común y no de varias como supone Wallace.
El mismo equipo europeo mencionado ha concluido que los antepasados de los amerindios pudieron haber llegado a América en una migración procedente del nordeste de Siberia. Grupos que sobrevivieron a los cambios climáticos fueron los que probablemente se expandieron por el estrecho de Bering, que es de donde procederían los na-dene y los Inuit ó Yuit (pueblo ártico, despectivamente llamado esquimal)
Han deducido también estos investigadores que los pobladores de lenguas amerindias son los que presentan la mayor diversidad, tratándose de emigrantes que habrían llegado hace más de 20 mil o 25 mil años; lo cual se habría comprobado mediante hallazgos de vestigios en sitios arqueológicos recientemente descubiertos en América del Sur, y que tendrían que ver con seres humanos anteriores a los Clovis; pero ya en lo que se refiere al fenómeno de la re-expansión, sí se trataría de un hecho acaecido hace unos 13 mil 300 años, es decir en época de la mencionada cultura Clovis que data de 13 mil 500 a 13 mil años atrás, según los yacimientos encontrados en el este de Nuevo México. Los elementos más característicos de estos hombres de la edad de piedra son unas puntas de proyectiles de sílex utilizadas en labores de cacería, que corresponden a excavaciones realizadas en 1932.
En la datación de la llegada del hombre a América, hecha a partir de los hallazgos de determinados tipos de instrumentos, la etapa más antigua se ha denominado paleoindio; algunos científicos creen que su inicio fue 15 mil años antes de nuestra era, pero otros lo remontan a 50 mil años. El mencionado periodo que habría terminado hace 7 mil años aproximadamente, además de las puntas talladas en piedra encontradas en Clovis y en otra localidad denominada Folson, cercana a Sacramento (California), está caracterizado, también, por algunas puntas hechas con colas de peces.
No obstante lo dicho más recientemente por los genetistas, aún los resultados obtenidos no son suficientes para descalificar la hipótesis de las varias migraciones; y algo que no está cuestionado, independientemente de que se trate de oleadas migratorias en el sentido en que lo ha indicado Greenberg o fenómenos de re-expansión a partir de una sola migración, es que los modernos humanos se expandieron desde fuera de América en series de movimientos migratorios muy coincidentes con las divisiones de lenguas que Greenberg infirió con pruebas lingüísticas. En todo caso, los planteamientos de la mayoría de los investigadores coinciden en admitir que los pobladores americanos probablemente descienden de grupos humanos asiáticos o africanos que se desplazaron a través del estrecho de Bering durante las glaciaciones del periodo cuaternario. Se habría tratado de migraciones procedentes del noreste de Siberia, probablemente de áreas próximas a Alaska, o de Mongolia, como pretende confirmarlo Merriwether. Tales migraciones habrían acaecido hacia mediados y finales del periodo paleolítico de la edad de piedra. Según se deduce de los vestigios encontrados, sobre todo sus utensilios líticos, pudo haberse tratado de cazadores y pescadores que convivían en grupos de hasta 100 individuos que, seguramente, ya ejecutaban prácticas religiosas.
Los hallazgos de las primeras migraciones son muy escasos. Pero complementan de manera significativa los testimonios que se desprenden del estudio comparativo de las lenguas indígenas. Los científicos, utilizando pruebas de laboratorio de alta efectividad, han llegado a datar muestras de yacimientos con antigüedad fijada en 24 mil años, como ocurre, por ejemplo, en el Yukón (actual Canadá), con utensilios sometidos a la acción del carbono radiactivo. Los restos de hogueras descubiertas en el valle de Anáhuac (México) datan de hace 23 mil años; de igual manera, entre otros casos, en los Andes del Perú, en sitios próximos a Ayacucho, han sido encontrados utensilios de piedra y huesos de animales triturados, cuya edad se calcula en 20 mil años; todos los mencionados hallazgos tienen la característica de que los objetos o herramientas que en ellos se encuentran no poseen estilo diferenciado, como sí ocurre con los utensilios o puntas de sílex de la ya mencionada cultura Clovis, y que tienen de particular que son puntas de jabalina de base cóncava y con acanaladuras en una o dos de sus caras.
Recabando en el aspecto de la época en que se produjeron las migraciones, la mayoría de los científicos han hablado del último gran avance glacial del cuaternario en la etapa del pleistoceno, o edad de hielo, como el fenómeno que posibilitaría el tránsito del hombre hacia América; posiblemente habría sido durante la glaciación del Wisconsin, que se generaron las condiciones para que se produjera tan controvertido acontecimiento, a través del estrecho de Bering. Se trató, entonces, de hombres cazadores y recolectores que, a medida que se iban adaptando en uno u otro territorio, mediante lento proceso, conformaron grupos con características culturales particulares en las diversas áreas donde se fueron localizando. Esta migración paulatina a través de millares de años, que iría en sentido norte-sur, llegaría un momento en que tomaría el istmo de Panamá para pasar hacia territorio suramericano; hecho que pudo haberse dado hace más de 20 mil años, según se colige de los hallazgos hechos en las cercanías de Ayacucho.
Utensilios encontrados en la región del Tequendama (Colombia), han permitido establecer, por ejemplo, que esta zona sudamericana pudo haber sido habitada hace 11 ó 5 mil años.Poblamiento de Sudamérica
Cuando hablamos específicamente del poblamiento de Sudamérica, debemos observar que en este espacio geográfico se han encontrado vestigios coincidentes, en su caracterización cultural, con los encontrados desde el oriente de Honduras, Nicaragua y Costa Rica, hasta el extremo meridional de América del Sur, lo cual ha llevado a diferenciarlas de lo que concretamente se reconoce como propio del espacio mesoamericano. Los investigadores suelen subdividir este entorno, según las características culturales, en cuatro áreas: 1) parte norte de Sudamérica y el Caribe; 2) Andes centrales y meridionales y la costa del Pacífico; 3) selva tropical oriental sudamericana, y 4) la Sudamérica austral.
El primer escenario habitado habría sido la parte norte de Sudamérica y el Caribe, sus tierras bajas de selva y las sabanas cubiertas de hierba, lo mismo que la parte septentrional de la cordillera de los Andes, algunos territorios áridos del oeste de Ecuador y las islas del Caribe. Debido a su ubicación geográfica, la región pudo haber servido de vínculo entre las grandes civilizaciones de México y Perú, pero por la dificultad que entrañan los desplazamientos por tierra a través de la selva y las montañas de la parte baja de Centroamérica, los contactos precolombinos entre Perú y México se habrían desarrollado sobre todo por mar, desde el golfo de Guayaquil en Ecuador hasta los puertos occidentales de México. Hallazgos de instrumentos de caza, como las llamadas puntas de flecha tipo Clovis, dan pista de la presencia humana en la zona a la que nos referimos, para una época datada hace unos 13 mil años, lo cual indicaría que estos pobladores habrían arribado hace unos 20 mil años.
Según la división que los arqueólogos han hecho de la historia cultural de los pobladores de América, para el caso de Mesoamérica, el periodo paleoindio abarca la época en que esta región junto con el resto del continente fue ocupado por primera vez por los grupos de cazadores-recolectores. Durante el periodo arcaico, pobladores de Mesoamérica se habrían establecido en asentamientos permanentes, desarrollando la agricultura como medio fundamental de subsistencia, que al mismo tiempo posibilitó un enorme paso hacia adelante en materia de organización política y social.
La actividad humana del periodo arcaico se extiende desde la época en que se produjo la desaparición de los mastodontes y los mamuts, hace aproximadamente 5 mil años; fue entonces cuando en Suramérica aparecieron los primeros cultivos de maíz y mandioca, iniciándose además el desarrollo de la alfarería. El cultivo del maíz fue el logro económico y cultural más importante del periodo arcaico, constituyéndose, con la papa, en alimento básico de la dieta de los antiguos pobladores del continente. También en lugares del territorio de Venezuela habría aparecido el cultivo de la mandioca.
En cuanto a la cerámica, en el punto denominado Puerto Hormiga, sobre el Canal del Dique (Departamento de Bolívar, Colombia) se encontraron utensilios cuyo estrato cultural más bajo tiene más de 5 mil años de existencia, tratándose de los más antiguos del continente. En su elaboración globular fueron utilizadas fibras vegetales mezcladas con greda. En el mismo lugar, localizaron utensilios de piedra, fogones y otros elementos que pudieron ser fabricados por pobladores que se instalaron hace 4 mil 500 años por más de cinco siglos en el área, aprovechando la inmensa cantidad de los recursos de la extensa llanura del Caribe, que además de su rico ecosistema contaba y cuenta con óptimas tierras para las labores de siembra.
Los antropólogos han considerado que la característica dócil de los suelos de la llanura del Caribe permitía laborar de manera relativamente fácil con herramientas rudimentarias, lo cual se sumaba a la benignidad del clima tropical y a la inmensa variedad de plantas, palmas y frutales comestibles, como factores que influyeron de manera determinante en la sedentarización y posterior desarrollo cultural en la zona, de manera tal que, en determinado momento, habría servido de sustento cultural a las grandes civilización mesoamericanas y suramericanas.
La aparición de la agricultura y especialmente el salto de la producción de cultivos como el maíz, que permitían la acumulación, contribuyó enormemente al desarrollo cultural, político, social de los pobladores de América. El crecimiento de la población, amén del desarrollo económico agrícola, pronto se evidenció aparejado al progreso tecnológico, artístico, intelectual…, que prosiguieron logrando invaluables avances hasta la llegada de los conquistadores. Prósperos asentamientos nativos afloraron bajo ordenamientos socioeconómicos que mostraban capacidad para resolver las necesidades básicas de sus gentes. Pueblos como los chibchas, por ejemplo, se destacaban, entre otras cosas, por su ingente capacidad agropecuaria y sus hermosas elaboraciones artesanales que denotaban el excelente manejo de la orfebrería. Pueblos de raíces caribe y arawak, que también se dedicaban a la agricultura y a la pesca, aunque no mostraban un desarrollo tan elevado como el alcanzado por los andinos septentrionales, tenían no pocos avances en el manejo de la técnica y eran también admirables en su riqueza cosmogónica.
Sobre los periodos culturales en el continente:Los arqueólogos dividen en cinco las etapas sucesivas, y a veces superpuestas, de la prehistoria de América: lítica, arcaica, de formación, clásica y posclásica.
Etapa Lítica:De este periodo son los proyectiles paleolíticos de sílex conocidos con la denominación de puntas Clovis. Se cree que esta cultura se extendió sobre el centro y el suroccidente de Norteamérica, e incluso pudo haber penetrado sobre Centroamérica. Las puntas encontradas en Nuevo México tienen una edad de 13 mil 500 años aproximadamente, pero la etapa comenzó cuando los grupos cazadores-recolectores penetraron a América cruzando el puente geográfico de Bering, durante el último periodo glacial, quizás hace unos 50 mil años, aunque algunos investigadores la fechan en tiempo más reciente (20 ó 30 mil años). Es sobre este aspecto que se cierne la discusión en cuanto al número de oleadas migratorias ocurridas y la época precisa. Los testimonios sólidos más conocidos eran las llamadas puntas Clovis, pero en los años 70 y 80 se tuvo noticia de los hallazgos arqueológicos de Meadowcroft Rockshelter (Pennsylvania) y los de Monte Verde (Chile), cuya datación es de 18 mil y 15 mil años respectivamente, lo cual indica la presencia humana en el continente en periodos anteriores a aquellos en que marca su presencia la cultura Clovis.
Los arqueólogos tienden a coincidir, atendiendo a los hallazgos más recientes, en que algunos utensilios fragmentarios, escasos y dispersos podrían configurar una serie que corresponde a edades superiores a los 20 mil años, desde los cantos de piedra y hueso, trabajados por una sola cara, pasando por las puntas bifaciales, hasta los proyectiles tipo Clovis que poseen estrías, que habrían sido utilizadas hasta finales del pleistoceno en las actividades de cacería de grandes mamíferos como el mamut. No obstante, hay expresiones líticas que pertenecen a etapas recientes de la historia de la humanidad.
En 1976, a orillas del riachuelo Chinchihuapi (Chile), en el punto denominado Monte Verde fue encontrado un yacimiento arqueológico sobre el que en 1977 y 1985 se continuaron excavaciones. Los valiosos hallazgos han suscitado serias controversias en tanto dan un vuelco grande a las más generalizadas concepciones sobre la primitiva ocupación humana de América.
En este hallazgo, se diferencian dos estratos: Monte Verde I y Monte Verde II. Este último, datado en 14 mil 500 y 15 mil años, correspondería a lo que habrían sido un campamento de cazadores-recolectores que, incluso, quizás ya comenzaban a practicar el sedentarismo. Los datos que surgen del yacimiento, precisamente, echarían por tierra la generalizada tesis de que sería la cultura Clovis, con edad de 13 mil 500 años, la más vieja.
En Monte Verde II, se percibe la existencia de restos de viviendas sobre pilares de madera, una industria lítica de cuarcita y basalto poco desarrollada, astas de lanzas, mangos de madera, instrumentos de hueso, morteros de piedra, hornos de cerámica, y restos de plantas que pudieron ser utilizadas como medicamentos.
En el caso de Monte Verde I, los 26 cantos tallados, lanceolados y acorazonados del hallazgo principal del estrato, según las pruebas de radiocarbono, podrían tener una antigüedad de más de 33 mil años. Estos datos sobre los yacimientos de Monte Verde I, indican que estaríamos frente a los restos más antiguos encontrados en el continente americano, lo cual ha sido aceptado por la comunidad científica luego de muchos años de análisis planteando la necesidad de nuevas hipótesis sobre el poblamiento de nuestro continente.
Etapa Arcaica:A este periodo, que tuvo lugar entre 11 mil y 6 mil años atrás, corresponde la utilización de instrumentos de caza mayor y menor con dardos propulsados con arcos; el empleo de redes para la captura de animales acuáticos; piedras de moler para triturar raíces y otros vegetales y el uso de raspadores con filo en forma de uña, para múltiples usos. Estos utensilios habrían sido empleados cuando la megafauna pleistocena desapareció del continente y los antiguos pobladores acentuaron sus prácticas de recolección, pesca y otras labores a lo largo de los ríos, lagos y los bosques boreales de Canadá, Alaska y costa del Ártico.En tierras interioranas de Norteamérica florecieron pueblos de tradición microlaminar, mientras que a lo largo de las costas se desarrollaron técnicas microlíticas que posteriormente pasaron también hacia el interior, utilizándose como puntas de flecha y otros instrumentos propios para la cacería del caribú y mamíferos de similar tamaño.
El periodo arcaico mostró en Suramérica procesos de adaptación de la población a las zonas costeras, donde la alimentación con moluscos, especialmente, se evidencia en los grandes depósitos de conchas encontrados en los lugares de asentamiento.
Los arqueólogos señalan que en Norteamérica, hacia el noroeste del Pacífico, trabajaron la pizarra y fabricaron sencillas canoas para sus desplazamientos; varios grupos habitantes de California se sedentarizaron y realizaban prácticas religiosas, etc. En Mesoamérica, la construcción de embarcaciones de cabotaje y de otras con elaboración que permitía prácticas de navegación más complicadas habría permitido que diversos grupos humanos llegaran a las Antillas. De hecho, existe gran convencimiento en cuanto a que la ruta más cierta hacia Suramérica, desde Mesoamérica, habría sido por vía marítima.
En todos los casos, tanto para Norteamérica, Mesoamérica y Suramérica, de la actividad de la caza y la recolección se desprenderían las prácticas de la cría de animales y la agricultura, teniendo mayor énfasis esta segunda actividad. El entorno medioambiental contribuyó a que los pueblos que tuvieron las mejores condiciones, como ocurrió con los de la llanura del Caribe, desarrollaran la agricultura, y con ello la vida urbana, la fabricación de cerámica y otras labores propias de la etapa Formativa, dándose la característica, no obstante, que en muchas regiones del continente no pocos pueblos se mantuvieron en el periodo Arcaico.
Etapa Formativa:El avance cultural y socio-político que propició el desarrollo de las fuerzas productivas y el surgimiento de la agricultura posibilitó, especialmente en Mesoamérica y áreas de influencia, el nivel que se ha denominado etapa Formativa.
Los vestigios encontrados en territorios que se extienden hasta Perú evidencian el desarrollo de una vida urbana que contó con construcciones de viviendas y centros ceremoniales arquitectónica y estéticamente admirables, como lo son sus pirámides. Se destacan también las obras ingenieras de sus vías de comunicación, las creaciones escultóricas, la cerámica y elaboraciones pictóricas de extraordinario diseño decorativo y contenido simbólico.
Entre la variedad de vegetales cultivados en América, se destaca el maíz, la papa y la yuca; pero podemos agregar otros que tienen mucha importancia en el desarrollo económico y social de los pueblos que transitaron hacia este estadio. En casi todo el continente, con los condicionantes que imponen los pisos térmicos y las reglas que se derivan del comportamiento de las estaciones y los ciclos de la lluvia, se sembró fríjol, calabaza, tomate, hierbas como el epazotl o epazote, auyama, ahuacatl o aguacate, chirimoya, mamey, zapote, guayaba, maguey, nopal, habichuelas, algodón…, entre otros que se desarrollaron en Mesoamérica y la parte septentrional de Suramérica.
Muchas de las denominaciones que hoy tienen estos productos en todo el continente y en el mundo provienen de voces nahua o náhuatl, como ocurre con: ahuacatl, cacahuatl ó tzapotl; de voces taínas, como mamey ó guayaba; al igual que de vocablos de pueblos caribes o de raíces lingüísticas de otros grupos poblacionales americanos.
En las mismas regiones y en las Antillas, se cultivó la tapioca, de la cual se consumía su fécula; y en la parte andina donde florecieron las culturas del territorio que hoy comprenden países como Perú, Ecuador y Bolivia, además de la papa, que era el producto de mayor importancia, se cultivaba el maní o cacahuate, entre muchas otras plantas. Los avances de lo que sería el inicio de la ganadería se observaron en la cría de las alpacas, vicuñas y llamas, que fueron domesticadas tal como se hizo también con animales más pequeños como el cuy y diversos tipos de aves.
Según la división cronológica más generalizada y aceptada por los investigadores, al referirse a los periodos culturales, se suele dar la siguiente datación: la etapa Preclásica o de Formación que pudo darse entre los 3 mil 500 años y los 2 mil 300 antes de nuestra era; el Clásico, o de Florecimiento, se produjo hace 2 mil 300 años, hasta el año 900 del actual calendario. No necesariamente se debe considerar este periodo como el del máximo desarrollo cultural, tal como lo han pretendido algunos investigadores cuando entienden que en dicho lapso surgieron las “mejores” expresiones artísticas, arquitectónicas e ingenieriles de los pueblos precolombinos (los aspectos estéticos no son mejores o peores según la época y la técnica que se utilice). En contraposición a esa idea que habla de las “mejores” expresiones artísticas, se colocan como ejemplos dicientes las culturas Mixteca y Zapoteca (México), y Chimú e Inca en Perú, a las que se les da la denominación de Postclásicas. Tomando el caso de los Mixtecas, podemos señalar que este pueblo de la familia lingüística Otomanque, que hoy tiene descendientes que habitan en los estados mexicanos de Oaxaca, Guerrero y Puebla, tuvo su florecimiento en el siglo IX hasta principios del XVI, dejando como herencia técnicas artesanales de enorme notoriedad; igual ocurre con sus trabajos metalúrgicos y líticos hermosa y cuidadosamente elaborados. Al lado de sus bellas elaboraciones artesanales, que se pueden observar en lugares como el Museo Regional de Oaxaca, se conservan sus códices hechos como pictografías sobre pieles de venado, en las que se registra la historia político-militar y social, lo mismo que los rasgos de su simbolismo, su pensamiento religioso, su genealogía y otros datos de su historia.
Las piezas arqueológicas de esta etapa que más abundan son las encontradas en Monte Albán. En este lugar se concentra una experiencia que ejemplifica el desarrollo que fue presentando el urbanismo mesoamericano del periodo clásico (250-900), en el que están presentes las construcciones que sirven de centros ceremoniales y las que sirven de vivienda. Monte Albán pudo haber sido poblado hace 2 mil 500 años y su desarrollo se mantuvo hasta el momento en que se produjo la conquista europea; pero su auge como conjunto urbano lo logra a partir del siglo tercero del actual calendario. Ésta que se conoce como la capital de la cultura Zapoteca (pueblo de tronco lingüístico Otomange que se estableció en Oaxaca hace 3 mil años), fue sometida por los Mixteca a partir del siglo VIII de nuestra era, iniciando un periodo cultural que es el que estamos caracterizando, al cual pertenecen creaciones de orfebrería como narigueras, pectorales, aretes y otros elementos que se suman a piezas de jade, turquesa y otros minerales, utilizados quizás como ornamento o para otros menesteres que responden a la mentalidad de dichas culturas.
Entre los siglos XI y XII de nuestra época, los Mixteca adoptaron una influencia Tolteca, tal como también habría ocurrido con los Zapoteca. Todos estos pueblos se interrelacionaron los unos con otros, e incluso tuvieron contacto con otras culturas de Mesoamérica, adquiriendo características comunes. Al momento de producirse el dominio por parte de los Mixteca sobre los Zapoteca, Monte Albán queda bajo el control de los primeros, quienes convierten el lugar en una gran necrópolis, cuyos monumentos Zapoteca fueron enriquecidos notablemente. En Monte Albán, en Mitla, Zaachila, Yagul… y otras ciudades tomadas por los Mixteca se denota la influencia de sus aportes arquitectónicos en características como las grecas geométricas de piedras ensambladas que adornan los palacios.
Aunque los pueblos, culturalmente clasificados por los investigadores en conjuntos diferenciados, efectivamente muestran a través del tiempo rasgos particulares que los diversifican a uno con otra, en su orden tribal presentan rasgos que son comunes a todos; como es el caso, por ejemplo, de las deidades antropomorfas con figuras de felinos, serpientes y águilas, representadas en las expresiones artísticas de grupos mesoamericanos y suramericanos. Esto se observa, por ejemplo, en las obras de la cultura Olmeca, que por la influencia de sus patrones a través de los siglos, ha sido considerada cultura madre de México. Su escultura, posee rasgos comunes a los que representan los monolitos de la cultura San Agustín (Colombia), y los yacimientos arqueológicos de Chavín de Hantar en los Andes peruanos.
Aunque suele considerarse el Clásico, como un periodo pacífico, los hallazgos arqueológicos indican que la mayoría de las culturas representativas del mismo habrían tenido sus estructuras militares. Ya en lo que concierne al periodo Postclásico, el criterio es que de él si existen evidencias más contundentes de la ocurrencia de guerras entre pueblos diversos o entre pueblos que habrían hecho parte de una misma civilización. Al respecto existen informaciones suministradas por cronistas europeos que recopilaron narraciones de algunos miembros de pueblos derrotados, de las que se coligen causas que tenían que ver con el crecimiento poblacional y problemas de control territorial relacionados fundamentalmente con la agricultura.
Alrededor de esta principal actividad productiva y de profunda integración social, gira el desarrollo cultural y el afianzamiento de determinadas creencias y tradiciones de los pueblos precolombinos. La veneración a la tierra, a su fertilidad, a su carácter de madre y deidad fundamental en el entorno natural, sobresale en los rituales como elemento esencial de las convicciones de los grupos humanos de la América de este periodo. La naturaleza es el ente principal del que todo surge. Así, gran parte de la creatividad y la actividad intelectual se vincula estrechamente con el conocimiento del comportamiento del sol, de la luna, de las estrellas y los astros en general, buscando la relación de tales factores de la naturaleza con fenómenos como el de la lluvia, las estaciones y sucesos meteorológicos de todo tipo que, de una u otra manera, influían en los ciclos agrícolas y en toda la vida del hombre.
Anotemos finalmente, al respecto de este periodo cultural, que si bien muchos pueblos mesoamericanos y suramericanos se organizaron bajo determinada estructura estatal que permitía la atención de las necesidades fundamentales de la sociedad, no todos en el continente llegaron al siglo XV con rasgos complejos como los logrados por comunidades como la Inca o la Azteca, sino que se mantuvieron dentro de características culturales más propias de lo que los científicos han clasificado como periodo Formativo.Desarrollo sociocultural independiente a partir del paleolítico:
Habiendo recibido América las olas migratorias de humanos venidos de Asia y África, seguramente finalizada la última glaciación se cortó la inmigración por causa de los cambios geográficos que tuvo el Estrecho de Bering. Con el paso de millares de años los pueblos amerindios se desarrollaron independientemente a partir de la base paleolítica, que pudo ser la aportada por las migraciones venidas de fuera de América. La favorabilidad del entorno posibilitó, como ya lo hemos explicado, el desarrollo autónomo de culturas paralelas a las de otros pueblos del mundo. Habría, así, según el reconocimiento más admitido por los científicos, un solo tronco común cultural representado en el paleolítico, del cual luego se desprenderían las demás representaciones culturales autónomas, sin que ello quiera significar que no se hubieran presentado migraciones intermitentes de algunos de los continentes del “viejo mundo” diferentes a Asia y África; pero no hay evidencia de que hubieran tenido un influjo notable en la definición de la evolución sociocultural de los pueblos aborígenes. No sería ésta, sin embargo, la conclusión final de un debate que está abierto a las hipótesis que surjan de las nuevas observaciones.
En lo que hoy es el territorio de Estados Unidos, se desarrollaron culturas propias del periodo Formativo, como la de la llamada fase Woodland, que pudo haber comenzado hace 2 mil 500 años, prolongándose hasta el siglo XI de nuestra era; la de los indígenas Pueblo que inició hace unos 2 mil años y se prolonga hasta nuestros días y los llamados “hombres de las cavernas”. En todos los casos, tuvieron desarrollo de la agricultura y la cerámica con pinturas decorativas geométricas, monocromas y policromas. Su sistema agrícola de subsistencia pudo haber estado en un nivel de desarrollo que aún no permitía el excedente de intercambio o comercio, y sus construcciones no contaban aún con estructuras de piedra sino vegetales.
Muchos de los pueblos interioranos de las grandes llanuras de Estados Unidos y Canadá sólo arribaron al Formativo hace 2 mil años, y su sistema de subsistencia se fundamentó no en la agricultura sino en la caza de búfalos. Sin embargo, pudieron haber desarrollado prácticas de cultivos marginales u otras actividades marítimas de pesca, como ocurre con los inuts, que se dedicaron a la navegación llegando a desarrollar técnicas y destrezas de alta calidad tanto para tal práctica como para la caza de ballenas, que en nada desdicen de los niveles alcanzados por pueblos pertenecientes al periodo Clásico.
La diferencia en uno u otro periodo cultural se marca por el desarrollo de las técnicas de la producción y en las construcciones que, obviamente, van a tener un influjo en el tipo de organización social, que para el caso del periodo Clásico, nos muestra pueblos concentrados en ciudades y organizados bajo estructuras políticas gerarquizadas, con presencia de una clara división social del trabajo, tal como ocurrió con las especializaciones en trabajo textil que aparecieron entre los pobladores del Perú, o la marcada dedicación que ciertos grupos, dentro de un contexto social, tenían de la metalurgia, como ocurrió en gran parte de Mesoamérica y la parte septentrional de Suramérica, o la especialización en el trabajo de la piedra para la actividad escultórica, cuyos mayores avances se lograron sólo hace algo más de 2 mil 700 años, hasta cuando sobreviene la conquista.
Etapa Postclásica:Este periodo fue alcanzado por pueblos de Mesoamérica y de la zona central andina (Perú, Bolivia y Ecuador), con la característica del surgimiento de ordenamientos estatales de gran envergadura en lo que hoy es México, con el caso de los Aztecas y en Perú y áreas de influencia, con el caso de los Incas, que serían los ejemplos más característicos. En los dos casos existen precedentes de influencias de otros pueblos ampliamente desarrollados en el sentido de la técnica, como son los Toltecas, los Mixtecas y los Mayas para el primer caso y la cultura Huari y la Chimú, para el segundo caso.
Los elementos que los caracterizan como culturas Postclásicas son: la existencia de Estados altamente organizados, la construcción de grandes centros urbanos, la especialización del trabajo, la presencia de clases sociales diferenciadas, sistemas económicos y comerciales de vasta influencia, arquitectura monumental, sistema numérico, desarrollo astronómico para el manejo de los procesos agrícolas y la intensividad misma de la agricultura.
En Sudamérica, en los Andes Centrales y Meridionales y en los angostos valles costeros que existen entre el litoral del Océano Pacífico y la cordillera, se desarrollaron varias de las que son consideradas por los estudiosos del tema como grandes culturas de todo el continente. Las más destacadas, en periodos diferentes, fueron: la cultura Chavín de Huantar, que como ya dijimos posee elementos simbólicos similares a los de culturas mesoamericanas, como es el caso de las representaciones de felinos, águilas y culebras, sin que hasta el momento se hayan comprobado vínculos concretos de una con otra, más allá de aquellos que se puedan deducir de sus similitudes analógicas. Posterior a ésta, surge la cultura Mochica y la Nazca, en las costas septentrional y sur del Perú respectivamente, quienes fueron conocedores de diversas técnicas agrícolas, construcciones de piedra, elaboraciones de cerámica y el dominio de la metalurgia denotada en la elaboraciones de piezas orfebres y de otros materiales. Estas culturas, que prevalecieron hasta el año 600 del calendario actual, dieron paso a otras culturas como la Huari y la Tiahuanaco en las montañas centrales y en las meridionales del lago Titicaca, respectivamente. Ya para el siglo XI, son los Estados costeros los que comienzan a lograr esplendor, destacándose la cultura Chimú en el norte del Perú, cuya capital era Chanchán. Su mayor auge se produce entre los siglos XIV y XV, adquiriendo un desarrollo económico que le permitió controlar extensas zonas costeras del norte a partir de una agricultura que dependía de un bien diseñado sistema de irrigación basado en la canalización de aguas, lo mismo que de la utilización de los llamados guachaques o chacras hundidas.
Chanchán, capital de los Chimú estaba ubicada cerca de la actual localidad de Trujillo y se encontraba protegida por una muralla de 9 mts. Los Chimú fueron dominados por los Incas hacia 1470 cuando su último gobernante Minchancaman, fue derrotado. Los Chimú, que habían heredado conocimientos de los mochica, transmitieron su sabiduría a los Incas.
Los pueblos Incas comenzaron su expansión con el emperador Pachacutec Inca Yupanqui, hacia el siglo XV llegando a alcanzar un dominio que en 1525 comprendía territorios que se extendían desde el Ecuador hasta Chile y Argentina. Entre este año y el 1532, el conjunto de pueblos que se integraban como incaicos se encontraban en conflictos internos. Esta circunstancia y la superioridad militar de los conquistadores europeos, aún habiéndose producido una tenaz resistencia de los pueblos originarios, derivó en brutal e imperdonable sometimiento político y cultural, que en muchos casos se convirtió en aniquilamiento.

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